7.9 Nuevos proyectos de Roberto Sherley

(24.07.1618? – 26.07.1618)


De la corte del Mogor volvió por el camino de Candar y Corasan á Persia, mucho más cargado de arbitrios y vanas invenciones que nunca, y ansí luego comenzó á tratarlos por medio de algunos ministros del rey, el cual, por haber ya conocido su manera de vida no le admitió con la gracia en que antes estuvo con él. Mas como en las cortes de los reyes puedan tanto las negociaciones y buenas inteligencias que por el eficaz medio de la largición se tiene con sus ministros, y de aquesta arte fuese don Roberto admirable artifice, repartió liberalmente entre los que le pareció más á proposito gran parte de lo que de la corte del Mogor había traído. Porque allí, blasonando magnificamente de su persona, diciendo que era un gran señor de Inglaterra que venía á servirle, afirmó que en el puerto de Cinde le habían robado ciertos soldados portugueses, en diversas joyas y dineros, doscientos mil ducados, lo más de lo cual traía á presentar al mismo rey. El cual, aunque no creyó todo lo que impudente y audazmente le representaba, le mandó dar alguna suma de dinero y un elephante en que viniese á Persia. Con esto, como tuviese gratos y de su parte á tres ó cuatro de aquellos que más ordinariamente con el rey comunicaban, alcanzó del que le oyese, mayormente diciendo que lo que había de tratar eran cosas muy importantes al acrecentamiento de su estado y en evidente daño del Turco su enemigo, y que para que esto se executase y tuviese efecto se ofrecía á pasar otra vez á Europa con su embajada.
Después de admitido sacó un gran papel en lengua persiana, que contenía lo siguiente: que para quitar al Turco lo más importante del comercio y contratación de Alepo, que era el trato de la seda, se ofrecía que pues casi toda ella se llevaba de los reynos y provincias subjectas á la Persia, la llevasen mercaderes ingleses al puerto de Jasques, para que por mar se transfiriese este comercio á Europa, pagándosela á sus vasallos á más subido precio y con más ganancia que la pagaban los mercaderes armenios y persianos que en sus caravanas la llevaban á Alepo y á Damasco; que todos los paños y otras mercancías que los dichos ingleses traían á Alepo por el mar Mediterráneo, se traerían por el Occeano á Jasques, con gran beneficio de toda la Persia. Que demás de este comercio vendría de Inglaterra, ó de Olanda, una esquadra de galeones cuando Su Magestad Catholica no quisiese á su costa sustentar otra semejante, para que impidiese la navegación del mar Rojo, no dejando pasar ñaves de la India á Gida, ni á Suez, ni á los demás puertos de Arabia y Egipto, con lo cual se enflaquecerían y debilitarían las fuerzas del Turco, faltándole el comercio del Cairo, de donde le resultaba la mayor parte de sus riquezas. Que se atrevía á persuadir á los reyes de Europa á que con grande armada repentinamente asaltasen la costa de Egipto y tomasen á Damiata, Roxeta y Alexandria, y que se fortificasen en estos puertos, con lo cual le quitarían al Turco la más rica provincia de su inperio. Y finalmente, que impedída la seda que no pasase á Alepo, y la navegación del mar Rojo, en la forma que se ha dicho, el Turco quedaba pobre y sin la potencia de dinero con que cada año movía la guerra al rey de Persia, juntamente con que la contratación que los ingleses tenían en Constantínopla, Alepo, el Cairo y en las demás ciudades del señorío del Turco lo quitarían, y se convertiría todo por el mar Oceano á Jasques, con que se engrandecería y ennoblecería aquel puerto. Ofrecía ansimismo, como cosa que le costaba tan poco, que el rey de Inglaterra mandaría salir el Embajador que ordinariamente asistía en Constantinopla, y que con mucho splendor y grandeza enviaría otro para que estuviese siempre en su corte.
Todas estas cosas que en sí eran tan ridículas y que con ninguna razón se podían comprender, no tanto por el provecho que de ellas le podría resultar al rey de Persia, como del daño que amenazaban al Turco quitándole el comercio del Cairo y Alepo, fueron de él admitidas, pareciéndole juntamente con esto que perdía poco en volver á enviar este hombre á Europa, con lo cual también se descargaba de él, no sabiendo en que ocuparle, como después se supo en Persia ser esto ansí.

Facilitó la enviada de don Roberto, no obstante que el rey tenía nombrado para el mismo ministerio un persiano vasallo suyo, la mucha diligencia que para ello puso Fray Juan Thadeo, prior de los carmelitas descalzos, ya nombrado, el cual fue el principal instrumento con que se hizo esta negociación, ansí con el rey como con sus ministros; la ocasión que pudo mover á este religíoso para entremeterse con tanta acción y fuerza en caso semejante y tan ajeno de lo que profesaba, fue la competencia que tuvo con los frayles de San Agustín, ó por hablar más propiamente, ellos con él y con los demás frayles de su Orden. Porque como de muchos años atrás los agustinos tuvíesen un convento en Ormuz y otro en Spahan, llevaban mal que los carmelitas lo tuviesen también en esta ciudad, y en Ormuz hacían abiertamente grandes diligencias por echarlos de una pequeña iglesia que los carmelitas allí habían fundado con nombre de hospedería, diciendo haberla hecho sin orden de Su Majestad. Esta competencia, que después llegó á mucho escándalo, movió á fray Juan á que buscase valedores para que ansí en la corte de España como en la Romana, negocíasen poder tener en estas dos ya dichas ciudades, conventos. Para efecto de lo cual le pareció competente medio pasar don Roberto por la India s. España, como Embajador del rey de Persia, habiendo sabido las diligencias que sobre ello hacía y lo mucho que lo deseaba el mismo don Roberto.
A esto se juntó también que como don Luis de Gama, capitán de Ormuz, profesase mucha amistad y particular devoción con los Padres carmelitas que comenzaban á fundar convento en aquella ciudad, y no estuviese corriente con los agustinos, por la enemistad que tenía con fray Antonio de Gouea, Obispo de Cirene, frayle de la misma religión, favorecía en cuanto le era posible al dicho fray Juan Thadeo, que estaba, como se ha dicho, en Spahan. El cual, habiéndole comunicado desde allá el designo de don Roberto, acordaron que era bien que de parte de ellos se esforzase y favoreciese su ida á España, y que para darle más reputación y crédito fuese con el un frayle de los mismos carmelitas, conpañero del fray Juan, llamado fray Redempto de la Cruz, habiendo hecho diligencia con el rey de Persia para que le nombrase por coadjuctor y compañero con don Roberto en la embajada.
El interés de los frayles carmelitas ya se ha dicho que era para se defender de los agustinos, y el de el capitán de Ormuz tener en la corte de Su Magestad quien acreditase y abonase su persona como testigos fidedignos, si estos lo pudiesen ser, de haber sabido y entendido del rey de Persia no haber sido el dicho capitán causa de haberse movido la guerra del Bandel, ni de las perdidas que de ella se siguió. Querían salvar esta negativa y comprobarla con decir que el obispo de Cirene fue el que esencialmente la había causado con haberse venido arrebatadamente de Persia y persuadido á Michel Angelo, un suriano muy válido de aquel rey, para que sin voluntad ni sabiduría suya hiciese lo mismo huyéndose á la ciudad de Ormuz.
Y porque ni en aquella ciudad, ni en Persia, ni aun los mismos que inventaron y fabricaron esta machina se podrían persuadir á creerla, pues era cosa muy sabida y notoria que don Luis de Gama no solo dio ocasión á la dicha guerra, sino que por su culpa y mucha incapacidad se perdieron dos cosas de tanta importancia como el fuerte de Comoran y la isla de Queysome, se hace aquí un brevísimo epilogo de lo que en la dicha guerra sucedió.

(García de Silva y Figueroa "Comentarios", Tomo II, Libro V , Capítulo V, pp. 131 – 135)

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